Exposición Actual


Double Bind

MATEO COHEN
BERNARDO MONTOYA
MARIE RIEF

Desde hace ya algún tiempo se habla insistentemente sobre la condición posmedial del arte, una suerte de superación de la especificidad de medio en la que ya no hay necesariamente una producción de sentido circunscrita a un medio en particular sino que, más bien, hay una digresión en las formas contemporáneas de la producción artística. Sin embargo, el solo hecho de pensar en un pos-medio nos regresa, como en una especie de double bind, a las características de los medios que nos permiten identificar el arte como tal. Un double bind en el sentido en que hay dos demandas en conflicto, cada una en un nivel lógico diferente, ninguna de las cuales puede ignorarse. Así, y a pesar de que ya no hay una condición específica de los medios, el asunto está lejos de cerrarse.

Ahora bien, desde mi perspectiva, más que una condición posmedial, podríamos hablar en cierta medida de obras que se ubican en los límites de los medios artísticos, o ciertas prácticas que siguen pesando en ellos insistentemente no para rehabilitarlos sino para pensar cómo es que alguna vez fueron posibles. Artistas que insisten, a pesar de todo, en que la exploración de los medios a partir de su crisis aún tiene algún sentido. Pintura, escultura, dibujo y fotografía pueden entrar en una relación orgánica y codependiente si se llevan al límite sus propias condiciones específicas que más que reales, están fundadas en mitos modernos. Así, se puede hacer de la pintura una escultura si se considera ya no el color sino la materia pictórica acumulada, o incluso se puede cuestionar la misma superficialidad del plano pictórico como superficie si se interviene de manera violenta en la acción de poner y quitar pintura de manera sucesiva. En ese sentido, la condición artística del soporte se tensa, ya no hacia el significado interior sino más bien hacia la exterioridad superficial en la relación objeto-imagen.
La exposición Double-bind muestra las tensiones de los medios en el arte contemporáneo a través de tres artistas -Mateo Cohen, Marie Rief y Bernardo Montoya- quienes, cada quien a su manera, cuestionan la dualidad expresada en la relación profundidad-superficie y si es posible mantenerla después de todo.

En primer lugar las obras de Marie Rief son “ventanas superficiales” en el sentido en que el dibujo que se les añade hacen notar que la representación de profundidad es solo eso: una representación. En este caso, las obras de Rief son un cuestionamiento al efecto fotográfico porque el dibujo que se añade trae de vuelta al papel, la luz superficial de la que está constituida una fotografía. Sin embargo, sigue habiendo un rastro de esa profundidad como huella.

En el caso de Mateo Cohen, lo que es sustancial es que la superficie aparece como “trabajo” del medio en cada cuadro. La acción del pintar de este artista tiene que ver, más que con la representación o incluso con la superficie, con el “límite” de la pintura. Al traspasar de un lienzo a otro la materia pictórica como en una especie de plantilla, hace evidente las huellas superficiales del anterior soporte que quedan allí como residuo. A Cohen no le interesa ni la superficie como contenido ni tampoco el exterior de la pintura como espacio. Sin embargo, su práctica se encuentra en el límite entre esas tres cosas. El color en sus cuadros funciona como evidencia del espacio pictórico como límite.

Por otro lado, Bernardo Montoya ejecuta el proceso opuesto a saber, cómo es que la pintura es tan superficial que se vuelve volumen. En ese caso el color es sustancial no solo por el recubrimiento superficial sino por la misma relación (la vieja disputa aristotélica) entre forma y materia. Las obras de Montoya  no son pinturas sino que es el color el que adquiere una condición volumétrica como materia.
Así, la exposición Double Bind es un apunte y un cuestionamiento sobre la condición moderna del arte y de sus fundamentos. Es una exposición sobre el arte y sus contradicciones materiales.

Daniel Montero